La cláusula que más problemas genera casi nunca está al principio del contrato. Está en la letra pequeña que nadie termina de leer.
Cláusulas de renovación automática, topes de responsabilidad, penalidades desproporcionadas, jurisdicción en una ciudad distinta a la suya, o condiciones de terminación anticipada favorables solo para la otra parte, son comunes en contratos comerciales y de arrendamiento, y suelen pasar desapercibidas hasta que se activan en contra de la empresa, muchas veces meses o años después de la firma.
Un caso frecuente es la renovación automática con un plazo de preaviso muy corto para oponerse: si la empresa no se manifiesta dentro de una ventana de pocos días, el contrato se prorroga por otro período completo, incluso si ya no conviene mantenerlo. Otro caso común son las cláusulas de responsabilidad ilimitada frente a incumplimientos menores, que exponen a la empresa a pagar sumas totalmente desproporcionadas frente al valor real del contrato.
Una revisión legal previa no retrasa el negocio: lo protege. El costo de esa revisión suele ser mínimo comparado con el de litigar después una cláusula que se pudo negociar antes de firmar, y en la mayoría de los casos la otra parte está dispuesta a ajustar las condiciones más desfavorables si se negocian a tiempo, antes de que exista una firma de por medio.
¿Le pasa esto en su empresa? Revisamos sus contratos antes de la firma e identificamos los riesgos que otros no le van a señalar.
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