No es la indemnización lo que más le cuesta a una empresa cuando despide mal a un empleado. Es todo lo que viene después.
Cuando un despido se hace sin la causal correcta, sin soportes o sin respetar un fuero especial, el trabajador puede reclamar el reintegro, los salarios dejados de percibir durante todo el proceso judicial, la indemnización correspondiente y, si además hubo mora en el pago de la liquidación, la sanción moratoria de un día de salario por cada día de retraso. Sumados, estos conceptos pueden multiplicar varias veces el costo que la empresa calculó inicialmente.
La diferencia entre un despido que cuesta lo previsto y uno que se sale de control casi siempre está en la documentación: llamados de atención previos, descargos, pruebas de la causal invocada, y la verificación de que el trabajador no tenga un fuero que exija autorización previa, como el embarazo, la lactancia, la actividad sindical o una limitación de salud reciente.
También influye el tiempo que tarda un proceso judicial en resolverse. Mientras el caso avanza en los juzgados, los salarios dejados de percibir siguen sumando mes a mes si el juez ordena el reintegro, lo que convierte un despido mal planeado en un pasivo que sigue creciendo incluso años después de haber ocurrido. Por eso la decisión de despedir nunca debería tomarse el mismo día en que se comunica: conviene evaluar primero el riesgo real.
¿Le pasa esto en su empresa? Antes de despedir a alguien, revisamos la causal, los soportes disponibles y calculamos el riesgo real, para que la decisión no le salga más cara de lo previsto.
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